viernes, 16 de octubre de 2009

José Prudencio Padilla, héroe para los colombianos, ejemplo para los guajiros

Escribe: Alejandro Rutto Martínez

El 19 de marzo de 1.999 me invitaron a la primera reunión del Círculo Padillista de Maicao. No sabía que existiera una organización como ésta dedicada a enaltecer la memoria del héroe de la Guajira al servicio de la campaña independentista de América. Desde entonces hago parte de un círculo cada vez más parecido a una secta: por sus pocos integrantes, por sus escasas reuniones y por la devoción con que hablan de sus temas. Aunque no hay muchos temas: sólo se habla de la vida y obra, las aventuras y desventuras, las alegrías y tristezas de José Prudencio Padilla el humilde marino riohachero consagrado como uno de los más importantes hombres de mar en la historia del continente. Pues sí señores: existe un Círculo Pandillista y su presidente benemérito y vitalicio es el profesor Ramiro Choles Andrade quien todos los 15 de marzo nos convoca para preparar la celebración del natalicio del prócer.

Cuatro días más tardes estamos colocando la tradicional ofrenda floral y pronunciando los discursos con los que recordamos la grandeza de nuestro pisano. Luego nos despedimos con la promesa de encontrarnos el 2 de octubre cuando conmemoramos un año más de su ejecución en Bogotá, lo que para nosotros no fue más que un vil asesinato y el más protuberante y costoso error cometido por Simón Bolívar durante todas sus actuaciones como líder de la lucha por la independencia y dirigente político del naciente país.

Al Círculo se le ha olvidado, sin embargo, una de las fechas más importantes en la vida de Padilla: el 24 de julio, día de la Batalla Naval del Lago de Maracaibo, ocurrida en 1.823 y por medio de la cual quedó asegurada la independencia de Venezuela y en buena parte también la de Colombia y Ecuador. Maracaibo era un lugar estratégico para los españoles pero también para los patriotas.

Para los realistas representaba la posibilidad de reconquistar las Provincias del magdalena y el occidente de Venezuela. La ciudad se había perdido antes por la infame vía de la traición: el mayor de Artillería Natividad Villamil negoció la entrega con el brigadier Francisco Tomás Morales, segundo al mando del ejército español, aduciendo que no tenía los recursos bélicos para la defensa. La terrible pérdida causó un grave daño moral en los ejércitos venezolanos y alarmó a Bolívar y Sucre, quienes se encontraban concentrados en la Campaña del Sur.

Y le correspondió a padilla la gloria de recuperar tan estratégica posición. El combate se inició a las dos de la tarde del 24 de julio de 1.823 cuando la armada patriota puso proa en dirección al enemigo. Al terminar el combate la victoria era total. En su libro “El Almirante Padilla”, José Torres Almeida hace un balance de la batalla: Los realistas tuvieron 800 bajas entre muertos y heridos y 438 prisioneros hechos por los patriotas, incluyendo 69 oficiales”. El almirante venezolano Eljuri-Núñez escribe, a propósito de la contienda: “El triunfo de Maracaibo consolidó la libertad de Venezuela y permitió la libertad de medio continente”.

El historiador y diplomático venezolano Arturo Uslar Pietri por su parte, es categórico cuando afirma: Si se pierde el combate de Maracaibo la suerte de la guerra de independencia hubiera sido otra. Seguramente se hubiera prolongado por varios años más, tal vez, Bolívar hubiera tenido que regresar del Sur. Todo lo ganado en trece años de larga y desesperada guerra hubiera estado otra vez en juego”. Padilla no es grande por lo que se diga de él ni por las estatuas que se levantan en honor a su memoria. Ni siquiera por los discursos que se pronuncian en fechas especiales.

Lo es por sus logros y sus valientes y valiosos aportes a una causa en la que creyó firmemente. Su valor, gallardía e inteligencia es un ejemplo no solo para sus coterráneos sino para todo aquel que crea aún en la importancia de la fidelidad a la patria y el amor a los suyos. A José Prudencio Padilla le viene bien la frase del escritor Francés Romaind Rolland: “El éxito nada importa. Se trata de ser grande, no de parecerlo”

martes, 13 de octubre de 2009

Saludo desde Maicao

El periodista Alejandro Rutto Martínez envía un saludo para Colombia y el mundo desde su tierra natal: Maicao.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Héroes de la esperanza, damas y caballeros de la vida

Autor: Alejandro Rutto Martínez

Son héroes anónimos, a quienes nadie ha premiado; ciudadanos sobresalientes a quienes no se les ha entregado ningún reconocimiento; personas valerosas que ha obtenido el triunfo más importante: el de la batalla librada contra los obstáculos recurrentes, la adversidad tercamente empeñada en arruinarles sus vida e, incluso, contra la indiferencia de sus semejantes.

Hemos querido hacerle un homenaje a quienes en algún momento de la vida pudieron rendirse. Para ello hubieran tenido el consentimiento de algunas personas, la comprensión de la sociedad y la solidaridad de la familia. Pero decidieron alzar la cabeza, mantener el rostro de frente a su cotidianidad y comenzar una nueva vida, con valentía, dignidad y mucho, pero mucho coraje.

Te invitamos querido lector a disfrutar de estas motivantes líneas. Pero antes prepárate, porque seguramente tendrás sentimientos encontrados: admiración por sus luchas; asombro por su enorme capacidad para afrontar los más dolorosos capítulos de su historia; y tal vez podamos sentir hasta un poco de vergüenza las quejas ante las pruebas que nos ofrece la vida.
Disfrutemos de la historia, de estos héroes como usted y yo.

Héroes que serían iguales a nosotros de no ser por una cosa: todo el tiempo han demostrado ser superiores en su buen ánimo y en la actitud para mirar la lluvia agradable que refresca la tierra reseca del desierto, la mariposa multicolor en su romance delicado con la flor más coqueta del jardín y la tierna sonrisa de los niños en su afán por demostrar la confianza que Dios aún le reserva al género humano.

Deja por un momento todo lo demás y sumérgete en las letras cargadas de fe que encontrarás a continuación:


Yuravis Isabel, la dama con alma de niña que venció el polio

Eran las siete y 15 de una mañana fría y nublada y la clase de psicología clínica avanzaba con normalidad en el salón 306 del tercer piso de la Universidad. Los estudiantes seguían atentamente las explicaciones de un profesor apasionado y... Leer todo el texto

Agustín Moreno, héroe de carne y hueso victorioso ante la pena y la adversidad

Era la una de la mañana de un día de julio del 2.005 cuando Agustín sintió ruidos extraños en el patio de su humilde residencia en el barrio Colombia Libre de Maicao. Sin pensarlo dos veces y, con el ánimo de defender a su familia de cualquier riesgo, decidió salir para averiguar qué estaba pasando...Leer todo el texto

Miller Martínez, el esfuerzo de un campeón

El sol comienza a declinar en el horizonte y se funde en un lienzo adornado por los mil colores del atardecer guajiro. Hoy, como todos los días Miller avanza con seguridad hacia la Universidad de La Guajira. Hace veinte minutos ha salido de casa... Leer todo el texto

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miércoles, 30 de septiembre de 2009

Miller Martínez, el esfuerzo de un campeón


Por: Alejandro Rutto Martínez

El camino hacia adelante

El sol comienza a declinar en el horizonte y se funde en un lienzo adornado por los mil colores del atardecer guajiro. Hoy, como todos los días Miller avanza con seguridad hacia la Universidad de La Guajira. Hace veinte minutos ha salido de casa pero el tráfico está muy lento y aún le falta un buen tramo de su diario recorrido y, aún cuando ha puesto el acelerador a fondo, tardará por lo menos otros 15 minutos en llegar…las cinco de la tarde es una hora pico y la velocidad no rinde para nada. Por un momento recuerda el testimonio de uno de sus profesores quien en la clase de principios de semestre quien le contó que toda su carrera la estudió viajando en bus a Riohacha dos horas diarias, una de ida y una de venida.

El maestro contaba cómo aprovechaba los últimos rayos de la luz solar del día para deleitarse en la lectura de sus libros preferidos. “De esta manera he conseguido sacarle provecho a tantos viajes y siento que no pierdo mi tiempo”, les comentaba su profesor quien les contaba de un mensajero que llegó a graduarse de abogado y alcanzó a ocupar altos cargos en el Gobierno.

Los libros de derecho y los temas de estudio los leía, precisamente, mientras viajaba en bus, de un lugar a otro, para cumplir con los oficios propios de su humilde trabajo.

Miller piensa que si él pudiera le sacaría más provecho a este tiempo que gasta todos los días entre su casa y la Universidad de La Guajira. Si pudiera…piensa, pero sus dos manos, las que necesita para sostener el libro ante sus ojos, están ocupadas en imprimirle fuerza y energía a impulsar su silla de ruedas, que es el “vehículo” en que se moviliza desde 1.998 cuando fue objeto de un brutal atentado por parte de una banda delincuentes que asaltó el vehículo en que se desplazaba.

Los inicios

Miller tuvo una infancia tranquila y feliz rodeado de una familia en la que siempre estuvieron cercanos los tíos, primos, abuelos y muchos, pero muchos amigos. . Sus padres, entusiasmados con la idea de que a la familia nunca le faltara nada le brindaron todo para que fuera un niño lleno de amor y confianza en sí mismo. En el colegio siempre se destacó por su facilidad para relacionarse con los demás y por su inclinación a los libros.

De quienes le enseñaban obtuvo siempre dos cosas: felicitaciones por su buen desempeño académico y tirones de orejas por las múltiples travesuras.

El tiempo transcurrió muy rápido, como suele ocurrir hoy en día y muy pronto superó varias etapas: preescolar, primaria, secundaria… Con paciencia esperó el día de su grado y cuando este llegó, les entregó el diploma a sus padres como un merecido trofeo por todos los esfuerzos invertidos en él. El niño se convirtió en un gozoso jovencito y este en un formal adolescente, en disposición de dar los pasos necesarios para alcanzar los sueños suyos y los de su familia.

Tiempo del servicio militar

Como todo bachiller colombiano, Miller se presentó al proceso para cumplir con el servicio militar que todo ciudadano mayor de edad debe prestar a su país. Sus padres pedían al Creador para que su hijo no fuera incorporado pero él en cambio ya se había hecho a la idea de ser estar un año en las filas del ejército y en sus sueños se veía con el uniforme camuflado patrullando montañas, selvas y desiertos. Sus papás le llevaban la corriente pero en secreto deseaban que los exámenes médicos o el azar lo exonerara de esa aventura en la que no deseaban verlo.

Miller, cuya rozagante salud le permitió pasar sin el más mínimo apuro los exámenes médicos se enfrentaba ahora a las balotas, no para definir si se enrolaba o no (eso ya estaba determinado, sino para establecer si no para establecer si vestiría el uniforme del Ejército o el de la policía. Su sueño, el de ir al ejército, estaba ahora en manos de una desconocida coqueta y esquiva: la suerte.

Cuando le correspondió el turno metió la mano a la bolsa con nerviosismo y angustia. Mano le temblaba y su frente se inundó de sudor. Cerró los ojos, movió las manos en las profundidades del talego y tomó una de las pequeñas esferas de plástico. Al abrir sus ojos sintió un frío intenso pues…decía “Policía Nacional”. En un arranque de intrepidez y, aprovechando un descuido del oficial que vigilaba el sorteo, devolvió la balota y se hizo el que aún no la había sacado.

Su conducta le valió un terrible regaño y la orden de volver a meter la mano. Esta vez lo hizo con miedo, casi terror, tomó la bolita con decisión y la sacó lo más rápido de que pudo. Las pequeñas letras, escritas a máquina decían “Policía Nacional”.

Su suerte parecía estar echada pero siguió insistiendo e, incluso, consiguió un amigo que estaba dispuesto a hacer un cambio: él iría a la Policía y Miller al Ejército, pero esa posibilidad fue rechazada por las autoridades militares. Unos días después vestía el uniforme verde de la institución policial, en donde hizo amigos, cumplió con disciplina y hasta obtuvo un ascenso cuando fue nombrado “brigadier”.

Estas experiencias, la recuerda como una de las mejores de su vida y guarda momentos gratos al lado de amigos y superiores de quienes nunca podrá olvidarse.

El viaje que nunca debió hacer

Luego de terminar el servicio militar descansó por un tiempo y empezó a reflexionar sobre su futuro. Lo esperaba la universidad, seguramente en Barranquilla o en otra ciudad colombiana a donde sus padres estaban dispuestos a enviarlo.

En esas estaba cuando su primo Cichi Fernández,  quien conducía un pequeño camión de carga, le pidió que lo acompañara a hacer un viaje a Riohacha. La posibilidad de conocer, de pasear y de estrechar los lazos con Chichi y su amigo Dúber Rodríguez lo llevó a aceptar sin pensarlo dos veces. “Un vaje a Fonseca no lo desprecia ningún maicaero”, le dijo a sus acompañantes cuando abordó el vehículo en el que se desplazarían a la tierra de San Agustín.

La tragedia en el camino

Despuntaba la aurora y las tiernas luces del nuevo día apenas si despuntaban en el horizonte y dejaban caer sus débiles rayos de luz sobre la piedra y el polvo del camino hacia Carraipía el pueblecito de ensueño por donde pasarían en un rato en una escala del viaje hacia el centro de La Guajira. El camino estaba poco transitado y llevaban buen tiempo. Llegarían a tiempo a su destino, entregarían la carga y, seguramente, en horas de la tarde podrían regresar de nuevo a casa. Esos. Al menos eran sus planes de ese día. Pero a veces los planes son unos y la realidad es otra.

Cuando había recorrido unos 25 kilómetros apareció de repente la figura funesta del salteador de camino tan temido por esos días en las carreteras de La Guajira. El maleante les ordenó detenerse y, cuando lo hicieron se aproximó gritando amenazas que los ocupantes del vehículo no podían oír, pues llevaban el pasa cintas a todo volumen. En un acto casi automático Miller dirigió su mano a la consola del carro para apagar el equipo de sonido y eso fue fatal porque…el asaltante interpretó que iba a buscar un arma y reaccionó disparando su pistola.

El proyectil penetró por el cuello del conductor salió nuevamente, penetró por la axila de Miller y se le alojó en la columna. El hombre de la pistola le ordenó bajarse del vehículo y como su víctima se negara ante la física imposibilidad de hacerlo, le apuntó con el arma a la cabeza, le lanzó una mirada mortal, oprimió lentamente el gatillo y, se escuchó el estruendo peculiar de un instrumento de muerte cuando vomita el fuego asesino que daña vida y destruye ilusiones. Los ojos aterrorizados de todos los presentes daban una señal clara de lo que estaba pasando.

Sin embargo, en un último y crucial momento David••• el conductor, logra tomar con firmeza la mano del endemoniado malhechor, de manera que la bala sale disparada hacia el cielo sin causar daño. Después de este momento de horror todos volvieron a la realidad y comprendieron que Miller estaba gravemente herido y moriría irremediablemente si no se actuaba rápido.

Una carrera contra el tiempo

Como pudieron lo llevaron al hospital de La Mina en donde lo estabilizaron y remitieron a Valledupar. Más tarde sería atendido en el Hospital Universitario de Barranquilla en donde un joven médico le dijo que, por lo menos a causa de este percance no se iba.

Y añadió, con la frialdad propia de quien convive con la muerte y el dolor: “Eso sí le digo joven: usted no podrá volver a caminar nunca más. No hay nada que se pueda hacer por su movilidad. Asimilar la nueva situación La información recibida le causó un gran dolor y dos gruesas lágrimas asomaron por sus ojos.

Un fuerte nudo en la garganta casi le impedía respirar y una opresión en el pecho amenazaba con suprimir de una vez por toda una existencia que, según creía en esa hora oscura, ya no valía la pena vivir. Con el paso de los minutos recobró la serenidad. Las palabras de Lorenzo Manuel y maría Evarista, sus padres; la voz de aliento de John Alberto, su hermano; el apoyo de Ulises, su primo y el ánimo de Edwin, su vecino y hermano de crianza, lo ayudaron a ver las posibilidades que aún tenía por delante.

Cerró los ojos, se encomendó a Dios y tomó la irrevocable decisión de vivir intensamente los años de vida que su creador tuviera a bien concederle.

Comienza la rehabilitación

De la cama del Hospital Universitario pasó a los centros de terapia del Centro de Atención y Rehabilitación Integral (Cari) de Barranquilla en donde aprendió las tareas básicas de su nueva vida: sentarse en su silla de ruedas, conducirla, ir al baño, dar algunos pasos, montarse en un taxi…en fin, a defenderse en la vida.

De regreso a casa ya se movía bien. Sus familiares, amigos y vecinos parecían haberse puesto de acuerdo en no preguntarle sobre el pasado y, entre todos, lo animaban a afrontar los retos de su educación y superación personal. “La vida es una oportunidad constante y Dios nos acompaña cada vez que demos un paso en la vida si ese paso nos conduce a él”, le dijo un buen sacerdote con quien habló por esos días. Entregado de lleno a los estudios Miller entendió que Dios le había entregado una nueva oportunidad y resolvió aprovecharla de la mejor manera, dándole vida a sus horas y a sus días.

Pero vida de verdad. Se inscribió en varios cursos en el SENA con los cuales se convirtió un verdadero experto en temas gerenciales y de comercio internacional. Todas las mañanas y, algunas veces en la tarde, la familia lo ayudaba a subir en un taxi que lo llevaría a su segundo hogar.

A la hora de la salida los compañeros lo ayudaban a montarse en el taxi en el cual regresaba a casa en donde la familia lo esperaba con el plato de su predilección y muchas, muchas muestras de cariño.

Un nuevo e importante cambio

A mediados del 2.001 la vida y Dios le regalarían la amistad de dos personas que lo ayudarían a tener un cambio drástico en su forma de vida. Se trataba de Emerson Calle Tarazona y Mauricio Morena, limitados físicos como él, y miembros de la organización “Paralíticos de Santander”. Un día en que lo vieron bajarse del taxi, Mauricio le dijo: “No, no, no hermano. Usted no puede seguir viajando en carro ajeno si tiene el propio. La silla es nuestro vehículo y hay que aprender a ir sobre ella a todas partes. Desde hoy mismo suspenda el contrato con el señor que lo transporta”

Así lo hizo y desde entonces aprendió a depender de sí mismo. “Solo pido ayuda o me desplazo en taxi en contadas ocasiones” manifiesta al recordar con gratitud a quienes lo enseñaron a tener la fortaleza indispensable para hacerse cargo de él mismo.

La anécdota de un viaje bien particular

El aprendizaje a moverse solo lo tomó muy en serio y un día se atrevió a viajar acompañado solo de varios amigos de la misma condición física: Mauricio Moreno, Emeison Calle y Leonardo Cuéllar. Viajaban hacia Riohacha en un vehículo especialmente diseñado para que Leonardo pudiera conducirlo con sus manos. Todo era normal hasta cuando se encontraron con un retén de la Policía Nacional.

Los agentes del orden les hicieron señas para detener el vehículo y, cuando parquearon en la orilla uno de los uniformados se acercó y, con gentileza, les pidió que se bajaran para cumplir con el procedimiento de identificación y registro. Los cuatro se miraron entre sí y sonrieron al agente: "Aquí los que vamos somos paras, así que déjenos seguir" . El policía puso cara de extrañeza y antes de que dijera algo, Leonardo le dijo "Paras, señor agente, paralíticos" y le mostró las sillas de rueda. El agente se quitó la gorra y, sin cerrar la boca, abierta en extremo debido a la sorpresa, les ordenó que continuaran la marcha.

Dos carreras universitarias

 ¿Quién dijo que alguien de su condición debía conformarse con ver el paso de las estrellas en el firmamento infinito y el vuelo de las golondrinas en su incesante vuelo hacia mejores climas? Miller, después de realizar sus cursos en el SENA, ingresó al primer semestre de Administración de Empresas en la Universidad de la Guajira en donde cursó cuatro semestres.

Se destacó por su interés, sus buenas notas y una férrea disciplina que lo llevó a destacarse incluso en aquellas asignaturas que no eran las de su predilección. Terminado el cuarto semestre se le presentó la oportunidad de establecerse en Venezuela con la posibilidad de estudiar y hacerse un tratamiento que podría finalizar con una intervención quirúrgica en Cuba, la cual le devolvería sus posibilidades de caminar como antes.

No obstante, los médicos en un examen serio de su situación le hablaron con franqueza: volver a caminar no sería posible nunca más. Y le recomendaron seguir su adaptación y hacerlo con entusiasmo. El tiempo en Venezuela fue bien aprovechado pues se inscribió en la Universidad en donde, al cabo de cuatro años, terminó sus estudios como Licenciado en Educación Integral (el equivalente en Colombia de la licenciatura en Básica primaria).

Posteriormente regresó a su querida patria colombiana en donde retomó los estudios temporalmente suspendidos y, con la misma pasión y disciplina de siempre, ha llegado a la meta de cursar sus once semestres, con lo cual en breve podrá consignar un nuevo título académico en su currículo.

Un liderazgo provechoso

Miller tiene tiempo para todo pero está dedicado en cuerpo y alma a terminar sus estudios universitarios.

El poco tiempo libre que tiene lo consigna en el banco de la solidaridad maicaera. Junto con un puñado de amigos creó la Fundación “Pisando fuerte”, dedicada al estímulo y la motivación de los discapacitados del municipio y posteriormente fue elegido presidente del Comité Operativo Interinstitucional de Discapacidad, ente dedicado a analizar y resolver los problemas de la población discapacitada.

Su apego a la gente y su compromiso con sus “hermanos de circunstancias” lo mantiene activo a toda hora. Por igual se le encuentra presidiendo una reunión o gestionando un carné del Sisbén o visitando a alguien que necesita al menos una palabra de apoyo.

El trabajo por los demás parece ser un credo que recita con cierta frecuencia: “Desde aquel 29 de abril de 1.998 en que fui herido, la vida no me pertenece; le pertenece a Dios que me dio una nueva oportunidad y debo aprovecharla sirviéndole a mi prójimo”

Un mensaje de esperanza

En la sabiduría que le han dado los tiempos, la adversidad y sus correrías por consultorios médicos y por las casas de personas cuyo padrenuestro es la angustia, Miller ha aprendido a vivir con alegría y a ver la obra de Dios en cada hoja que viaja desde la rama del árbol hasta el suelo generoso cuya epidermis la envolverá por siempre para convertirla en el polvo milenario de la creación.

Sus palabras son las de un hombre profundamente convencido de la necesidad de beberse cada día gota a gota y saborearlo sin afanes: “Si hemos de vivir aunque sea un día, que sea con entusiasmo. El sol sale para todos y las estrellas siempre están sobre nuestras cabezas dándonos el mensaje de un Dios vivo. Yo amo la vida, amo a mi familia y amo lo que hago. Nada ni nadie me derrumbará. Nada ni nadie impedirá que ayude a mis hermanos y hermanas de sueños. Vamos juntos, que el futuro plácido nos espera y Dios nos bendecirá”

Líneas finales

Son las nueve de la noche y Miller regresa a casa en su “vehículo” luego de cumplir la jornada de clases. Sus manos ocupadas no le permiten leer un libro ni la oscuridad de la noche se presta para ello. Pero su mente despejada y su corazón noble están elaborando el primer borrador de la historia que escribirá al día siguiente cuando visite a Claudia, una joven que ha pedido verlo, porque necesita la voz de aliento de alguien que se encuentra lejos del odio, lejos de la tristeza y cerca de Dios.

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domingo, 27 de septiembre de 2009

Biografía de Alejandro Rutto: trayectoria como periodista



Alejandro Rutto Martínez nació en Maicao el día 6 de marzo de l.964. Es Administrador de Empresas egresado de la Universidad de La Guajira y ha realizado varios diplomados y seminarios de periodismo avalados por prestigiosas universidades y organizaciones colombianas.

Ejerce el periodismo desde 1.979 cuando inició sus labores en proyectos de Comunicación Escolar en las aulas del Colegio Departamental de bachillerato San José, en donde bajo la dirección del escritor Ramiro Choles Andrade coordinó el periódico mural y el periódico mimeografiado que se imprimía mensualmente. De la mano del profesor Choles inició también su carrera en el periodismo cultural en 1.981 cuando hizo parte del programa Momento Cultural que se emitía a través de Radio Península en el cual estuvo hasta 1.983.

En 1.984 comienza sus actividades en el periodismo deportivo en el programa “La Ventana del Deporte”, junto a los periodistas Luis Octavio Cruz y Tomás Pérez Ramírez en la emisora “La Voz de la Pampa” de Maicao”

En 1.985 se traslada de nuevo a Radio Península en donde continúa su labor como periodista deportivo en esta oportunidad al lado de Jairo Romero, Eladio Narváez, Ernesto Acosta, Luis Octavio Cruz y Marcos Barros Pinedo. En ese mismo año incursiona en la especialidad del comentario deportivo en transmisiones en vivo y en directo del fútbol de Segunda División en diferentes estadios y escenarios deportivos de la Costa Caribe. Durante tres años tiene la oportunidad de compartir con periodistas de la región y el país y de constituir uno de los grupos de periodistas deportivos más sólidos de la región Caribe.

En 1.988 regresa a La Voz de La Pampa y hace equipo con Albeiro Sánchez, Juaco Murgas, Jairo Romero, Jaime Rengifo, Carlos Serrano y Luis Octavio Cruz. Para ésta época se le presenta la oportunidad de ser corresponsal de la cadena Radio Deportes de Caracol para la cual transmite, junto con los compañeros mencionados, la Final Nacional de Segunda División entre Deportivo Maicao y Deportivo Independiente Santa Fé.

En 1.990 pasa a RCN Cadena Básica Guajira. En esta etapa alterna el periodismo deportivo y las noticias generales. Su voz se escucha con frecuencia a nivel nacional tanto en la Cadena Básica como en Antena 2, especializada en deportes. Esta época es una de las más importantes de su carrera pues tiene como maestros no más ni menos que a Armando Correa Saavedra, Emilio Alfonso Arias Acosta (uno de los más grandes locutores vallenatos), Tomás Pérez Ramírez, Eliécer Jiménez Julio y William Gómez Polo. ¡Qué equipo el de la Emisora Básica pera esos años!

Desde 1.992, cuando recibe su título de Administrador de Empresas, comienza a alternar su trabajo periodístico con su la labor como docente universitario. Eventualmente presta sus servicios en Radio Almirante, Radio Delfín, RCN y La Voz de la Pampa y escribe notas de prensa para El Heraldo, La Libertad y los quincenarios Causa Guajira y Guajira Gráfica.

En el año 2.005 inicia su etapa como columnista permanente del diario El Informador de Santa Marta, la cual se publica los días lunes. Con alguna frecuencia es invitado también a escribir los editoriales de la edición central y del semanario que esta casa periodística tiene en el departamento de La Guajira (semanario La Guajira).

Desde junio del 2.006 y hasta diciembre del 2.007 dirige la sección “Los líderes opinan y comentan” en “El Noticiero de la Mañana” de la emisora Olímpica Estéreo. En enero del 2.008 la gerencia de la emisora lo designa director de éste noticiero.

En diciembre del 2.008 inicia labores con el canal comunitario “MAO TV”, como presentador del magazín “Buenos Días Maicao”, junto con los periodistas Nazly Pérez y Alcides Alfaro Guerra. Este medio de información, novedoso en la frontera, se ha ganado la aceptación y sintonía de la audiencia maicaera en horas de la mañana.

En diciembre del año 2.007 crea Maicao al Día”, órgano de información a través de internet que se constituye en pionero del periodismo digital en La Guajira. En enero el 2.009 gana el “VI concurso Cerrejón de Periodismo”, modalidad Internet y ese mismo año gana, el Premio Departamental de Periodismo Cultural modalidad televisión, en su condición de libretista junto a Doménico Restrepo por el documental “El mar de los Apalanshii”. En ese mismo certamen recibe mención de honor por su trabajo en Maicao al Día “La riqueza multicultural de Maicao”. El 28 de agosto recibe el premio “Eficiencia Energética” organizado por Electricaribe, por el artículo: “La ranchería wayüu: ejemplo fiel del uso eficiente de la energía”.

Gracias a la publicación de sus artículos en “Maicao al Día”, en “Hechos y Crónicas de la Frontera” y en la web internacional www.articulo.org, sus trabajos han sido reproducidos por medios digitales e impresos de México, España, Ecuador, Estados Unidos, Venezuela, Argentina, Chile y Colombia. Además, tres de sus investigaciones relacionadas con el medio ambiente han sido traducidas al portugués y el inglés.

Como escritor Alejandro Rutto ha publicado cuatro libros y ha sido incluido en tres antologías de escritores guajiros. Actualmente trabaja como instructor del Sena y como periodista de Buenos Días Maicao, Maicao al Día y “Hechos y Crónicas de la Frontera”.
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